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Significado.
Las ventanas arqueológicas son aberturas2 habilitadas en el nivel de la
superficie actual de los pavimentos internos o externos cubiertas por
una lámina transparente –vítrea generalmente-, con objeto de poder
apreciar los restos y vestigios3 de las culturas precedentes para su
mejor estudio y valoración. Como podrá apreciarse, estamos hablando de
una ventana; pero de otro tipo. Una que nos abre los ojos al pasado y
que conlleva una connotación de carácter especial, pues de esta manera,
las personas, en un momento dado, pueden tener a la vista el testimonio
de la memoria histórica ante sus ojos...precisamente ahí; por debajo del
nivel en donde están posadas las plantas de sus pies. Si a este hecho
agregamos que la mayor parte de la gente desconoce literalmente “donde
está parada”, podemos imaginar el impacto cuando, incentivando un poco
la sensibilidad, se muestra al público en general que ahí, en ese mismo
sitio donde está ubicado, unos centímetros o metros más abajo, tuvo
lugar determinado acontecimiento en la historia del lugar y que ahora,
diversas capas de materiales diversos lo separan de aquellos tiempos y
que ahora puede ver y apreciar gracias a estas ventanas tan
particulares. Y es que, por extraño que parezca, en estos tiempos y en
los pasados, el común de la gente ha sido atraída por los hallazgos
arqueológicos. O quizá, mejor dicho, ha estado deseosa siempre por
conocer lo que ahí estuvo toda la vida y era desconocido para el mundo
hasta que, en una excavación accidental, “salió a la luz” por algún
motivo. No resulta casualidad el éxito en tempos recientes de los
programas televisivos que nos han mostrado la cara oculta de las
ciudades del mundo.
Empleo en los sitios históricos.
Las ventanas arqueológicas se vienen utilizando desde hace varios años,
especialmente en las ciudades donde hay algo que ver –y mostrar-
relacionado con su historia. En algunas de las europeas, llama la
atención la cantidad de ventanas “con vista al pasado antiguo”
existentes en sus centros o en sus edificios históricos. Puede citarse
una muy particular ubicada en los subterráneos de la catedral de
Barcelona y que consiste en una superficie vítrea muy extensa sobre los
vestigios de un antiguo establecimiento romano y donde pueden apreciarse
restos de muros, pavimentos y hasta mosaicos y, en algunas partes,
vestigios de arquitectura prerrománica. Sobre todo eso, actualmente se
encuentra la gran catedral gótica que hoy vemos, con toda la historia de
la ciudad de esas épocas hasta las más recientes. Bien, lo que los
arqueólogos quisieron hacer ver al visitante en el discurso museográfico
–dado que es un museo- era, precisamente, que el público supiera dónde
estaba parado y qué había ahí antes. Todo, claro está y al más puro
estilo de los catalanes amantes del detalle, perfectamente explicado con
cedularios y dibujos para entender mejor el tema.
Con respecto a nuestro país y, propiamente en la Ciudad de México,
podemos encontrar numerosas ventanas arqueológicas abiertas para todos
los interesados. Unas, como ya se comentó, en exteriores y otras dentro
de los recintos. Recientemente se abrieron unas en el atrio de la
Catedral, pero ya las había en otros sitios; en el interior del Palacio
Nacional, en el antiguo Arzobispado, en la casa de la Antigua Imprenta y
en la Antigua Escuela de Odontología, hoy Palacio de la Autonomía, y en
la Antigua Academia de San Carlos, por mencionar algunos inmuebles. Con
el paso del tiempo, han mejorado los sistemas de ventanas y en la
actualidad se cuenta con muy buenos ejemplos producto de la
investigación y experimentación en el tema. En este rubro, cabe hacer
mención especial del trabajo que ha desempeñado la UNAM a través de la
Dirección general de Obras y Conservación, en conjunto con la Dirección
General del Patrimonio Universitario y con el apoyo del Instituto
Nacional de Antropología e Historia, para dejar visibles los distintos
testimonios de subestructuras históricas dentro de sus inmuebles. Los
ejemplos que aquí mostraremos corresponden a algunos de los criterios
empleados en dichas acciones.
Proyecto.
En esta ocasión nos ocuparemos, en forma breve, únicamente del proyecto
de suministro de la ventana arqueológica y de su conceptualización
integral. No mencionaremos los trabajos correspondientes a la
excavación4 ni a aquellos referentes a la consolidación de los vestigios
ni los criterios didácticos de los mismos; esto por constituirse como
tema de otro artículo que bien pudiera tratarse en otra ocasión.
Ya confinados los muros en torno al área contemplada y realizados las
mediciones y registros de los vestigios históricos, incluida la
consolidación respectiva, se procedió a habilitar un sistema que
permitiera dejar visible el vestigio arqueológico, sin alterar su
naturaleza así como el entorno donde se ubica.
Requerimientos a considerar:
* Primeramente, los vestigios a exhibirse serán considerados siempre
como un monumento arqueológico o histórico, tal y como lo establece la
Ley Federal ya mencionada. Por ende, se deberá contar con la supervisión
del INAH y los trabajos preliminares así como la excavación, deberá
hacerse con el aval de dicho Instituto y por personal calificado.
* Deberán consolidarse las cuatro caras de la excavación. No debe
omitirse el considerar que el retiro de material puede provocar un
volteo del terreno. Especialmente si estamos hablando de profundidades
de 1.50 o 2.00 metros promedio de excavación.
* El vestigio debe consolidarse y tratarse para que no comience un
paulatino deterioro y se pierdan con ello sus propiedades. El
encontrarse oculto durante años o siglos de algunas manera le fue
benéfico y, sacarlo súbitamente a la luz, puede dañarlo. Se debe
considerar que también los índices de luminosidad, incidencia solar y
humedad no se alteren, al menos bruscamente, porque esto puede propiciar
la pérdida del mismo.
* Para que pueda ser protegido y pueda ser visible, debe cubrirse con
una superficie transparente y con filtro solar de preferencia. Se
recurre al vidrio –templado- por su mejor comportamiento, resistencia y
facilidad para su mantenimiento y limpieza. Interesantes resultan
aquellas ventanas arqueológicas donde “se puede pisar”; es decir, en
donde se puede caminar sobre ellas. Para ello, hay que habilitar un
bastidor resistente; los sistemas estructurales de acero debidamente
tratados son muy confiables.
* Deben estar selladas herméticamente para impedir filtraciones
superficiales, pero al interior debe contemplarse el intercambio de aire
para impedir condensaciones y eventuales goteos. Esto, cabe mencionar,
no suele emplearse y por ello muchas de estas ventanas presentan gotas
de agua producto de la condensación por debajo del vidrio.
Especialmente, si estamos hablando que los mantos freáticos, tan
superficiales en el Centro Histórico, generan mucha humedad y, al
recibir la incidencia solar, generan evaporaciones y condensaciones que
se reflejan en la cara interna de la ventana.
* Puede considerarse, si el caso lo requiere, un sistema para drenar los
escurrimientos por causa de las condensaciones o del “llanto” de los
muros originado por las aguas freáticas. En este caso, se encauzan a un
cárcamo habilitado para tal fin y de ahí son impulsadas a un colector
por medio de una bomba.
* Igualmente, y dependiendo del presupuesto con que se cuente, puede
contemplarse un sistema de iluminación para poder exhibirse en horarios
nocturnos o de poca luz.
Para una mejor explicación de lo arriba expuesto, obsérvese el detalle
del proyecto.
Conclusiones.
En estos tiempos de vaivenes sociales en donde la identidad de las
naciones se tambalea hacia diversas tendencias y movimientos
ideológicos, resulta muy conveniente echar mano de los valores y
símbolos que nos confieren identidad cultural; y qué mejor si éstos se
encuentran vinculados a nuestro riquísimo pasado histórico. Instrumentos
o mecanismos como las ventanas arqueológicas, puede que no sean la
solución para nuestros nada fáciles problemas sociales. Pero pueden
constituirse como un medio más para mostrar, dentro de este
complicadísimo entramado urbano de nuestra ciudad capital, a los ojos
del numeroso público que día a día va y viene por las calles y los
edificios del Centro Histórico, un trozo de historia plasmado en el
sustrato. Las ventanas arqueológicas miran al pasado. Las culturas que
no tienen nada que mostrar al mundo sobre su pasado, lo mantiene oculto
agradeciendo que ahí permanezca. Otras, por el contrario, se lo
inventan. En México, afortunadamente, no hay necesidad de lo uno o lo
otro. Así pues, celebramos gustosos que, paulatinamente, van apareciendo
más de estas ventanas a la historia, para sensibilizarnos más sobre ese
pasado que pareciera lucha desesperadamente por no mantenerse oculto.
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