Las Ventanas Arqueológicas.
Un vistazo a los estratos del pasado
  Raúl C. Nieto García*.
*Investigador de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
Maestro en Arquitectura y especialista en restauración de monumentos.
Colaboración especial: Arq. Alfonso Pérez Medina
Director Responsable de Obra y especialista en edificios históricos.

 

Significado.

Las ventanas arqueológicas son aberturas2 habilitadas en el nivel de la superficie actual de los pavimentos internos o externos cubiertas por una lámina transparente –vítrea generalmente-, con objeto de poder apreciar los restos y vestigios3 de las culturas precedentes para su mejor estudio y valoración. Como podrá apreciarse, estamos hablando de una ventana; pero de otro tipo. Una que nos abre los ojos al pasado y que conlleva una connotación de carácter especial, pues de esta manera, las personas, en un momento dado, pueden tener a la vista el testimonio de la memoria histórica ante sus ojos...precisamente ahí; por debajo del nivel en donde están posadas las plantas de sus pies. Si a este hecho agregamos que la mayor parte de la gente desconoce literalmente “donde está parada”, podemos imaginar el impacto cuando, incentivando un poco la sensibilidad, se muestra al público en general que ahí, en ese mismo sitio donde está ubicado, unos centímetros o metros más abajo, tuvo lugar determinado acontecimiento en la historia del lugar y que ahora, diversas capas de materiales diversos lo separan de aquellos tiempos y que ahora puede ver y apreciar gracias a estas ventanas tan particulares. Y es que, por extraño que parezca, en estos tiempos y en los pasados, el común de la gente ha sido atraída por los hallazgos arqueológicos. O quizá, mejor dicho, ha estado deseosa siempre por conocer lo que ahí estuvo toda la vida y era desconocido para el mundo hasta que, en una excavación accidental, “salió a la luz” por algún motivo. No resulta casualidad el éxito en tempos recientes de los programas televisivos que nos han mostrado la cara oculta de las ciudades del mundo.

Empleo en los sitios históricos.

Las ventanas arqueológicas se vienen utilizando desde hace varios años, especialmente en las ciudades donde hay algo que ver –y mostrar- relacionado con su historia. En algunas de las europeas, llama la atención la cantidad de ventanas “con vista al pasado antiguo” existentes en sus centros o en sus edificios históricos. Puede citarse una muy particular ubicada en los subterráneos de la catedral de Barcelona y que consiste en una superficie vítrea muy extensa sobre los vestigios de un antiguo establecimiento romano y donde pueden apreciarse restos de muros, pavimentos y hasta mosaicos y, en algunas partes, vestigios de arquitectura prerrománica. Sobre todo eso, actualmente se encuentra la gran catedral gótica que hoy vemos, con toda la historia de la ciudad de esas épocas hasta las más recientes. Bien, lo que los arqueólogos quisieron hacer ver al visitante en el discurso museográfico –dado que es un museo- era, precisamente, que el público supiera dónde estaba parado y qué había ahí antes. Todo, claro está y al más puro estilo de los catalanes amantes del detalle, perfectamente explicado con cedularios y dibujos para entender mejor el tema.

Con respecto a nuestro país y, propiamente en la Ciudad de México, podemos encontrar numerosas ventanas arqueológicas abiertas para todos los interesados. Unas, como ya se comentó, en exteriores y otras dentro de los recintos. Recientemente se abrieron unas en el atrio de la Catedral, pero ya las había en otros sitios; en el interior del Palacio Nacional, en el antiguo Arzobispado, en la casa de la Antigua Imprenta y en la Antigua Escuela de Odontología, hoy Palacio de la Autonomía, y en la Antigua Academia de San Carlos, por mencionar algunos inmuebles. Con el paso del tiempo, han mejorado los sistemas de ventanas y en la actualidad se cuenta con muy buenos ejemplos producto de la investigación y experimentación en el tema. En este rubro, cabe hacer mención especial del trabajo que ha desempeñado la UNAM a través de la Dirección general de Obras y Conservación, en conjunto con la Dirección General del Patrimonio Universitario y con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, para dejar visibles los distintos testimonios de subestructuras históricas dentro de sus inmuebles. Los ejemplos que aquí mostraremos corresponden a algunos de los criterios empleados en dichas acciones.

Proyecto.

En esta ocasión nos ocuparemos, en forma breve, únicamente del proyecto de suministro de la ventana arqueológica y de su conceptualización integral. No mencionaremos los trabajos correspondientes a la excavación4 ni a aquellos referentes a la consolidación de los vestigios ni los criterios didácticos de los mismos; esto por constituirse como tema de otro artículo que bien pudiera tratarse en otra ocasión.

Ya confinados los muros en torno al área contemplada y realizados las mediciones y registros de los vestigios históricos, incluida la consolidación respectiva, se procedió a habilitar un sistema que permitiera dejar visible el vestigio arqueológico, sin alterar su naturaleza así como el entorno donde se ubica.

Requerimientos a considerar:

* Primeramente, los vestigios a exhibirse serán considerados siempre como un monumento arqueológico o histórico, tal y como lo establece la Ley Federal ya mencionada. Por ende, se deberá contar con la supervisión del INAH y los trabajos preliminares así como la excavación, deberá hacerse con el aval de dicho Instituto y por personal calificado.
* Deberán consolidarse las cuatro caras de la excavación. No debe omitirse el considerar que el retiro de material puede provocar un volteo del terreno. Especialmente si estamos hablando de profundidades de 1.50 o 2.00 metros promedio de excavación.
* El vestigio debe consolidarse y tratarse para que no comience un paulatino deterioro y se pierdan con ello sus propiedades. El encontrarse oculto durante años o siglos de algunas manera le fue benéfico y, sacarlo súbitamente a la luz, puede dañarlo. Se debe considerar que también los índices de luminosidad, incidencia solar y humedad no se alteren, al menos bruscamente, porque esto puede propiciar la pérdida del mismo.
* Para que pueda ser protegido y pueda ser visible, debe cubrirse con una superficie transparente y con filtro solar de preferencia. Se recurre al vidrio –templado- por su mejor comportamiento, resistencia y facilidad para su mantenimiento y limpieza. Interesantes resultan aquellas ventanas arqueológicas donde “se puede pisar”; es decir, en donde se puede caminar sobre ellas. Para ello, hay que habilitar un bastidor resistente; los sistemas estructurales de acero debidamente tratados son muy confiables.
* Deben estar selladas herméticamente para impedir filtraciones superficiales, pero al interior debe contemplarse el intercambio de aire para impedir condensaciones y eventuales goteos. Esto, cabe mencionar, no suele emplearse y por ello muchas de estas ventanas presentan gotas de agua producto de la condensación por debajo del vidrio. Especialmente, si estamos hablando que los mantos freáticos, tan superficiales en el Centro Histórico, generan mucha humedad y, al recibir la incidencia solar, generan evaporaciones y condensaciones que se reflejan en la cara interna de la ventana.
* Puede considerarse, si el caso lo requiere, un sistema para drenar los escurrimientos por causa de las condensaciones o del “llanto” de los muros originado por las aguas freáticas. En este caso, se encauzan a un cárcamo habilitado para tal fin y de ahí son impulsadas a un colector por medio de una bomba.
* Igualmente, y dependiendo del presupuesto con que se cuente, puede contemplarse un sistema de iluminación para poder exhibirse en horarios nocturnos o de poca luz.

Para una mejor explicación de lo arriba expuesto, obsérvese el detalle del proyecto.

Conclusiones.

En estos tiempos de vaivenes sociales en donde la identidad de las naciones se tambalea hacia diversas tendencias y movimientos ideológicos, resulta muy conveniente echar mano de los valores y símbolos que nos confieren identidad cultural; y qué mejor si éstos se encuentran vinculados a nuestro riquísimo pasado histórico. Instrumentos o mecanismos como las ventanas arqueológicas, puede que no sean la solución para nuestros nada fáciles problemas sociales. Pero pueden constituirse como un medio más para mostrar, dentro de este complicadísimo entramado urbano de nuestra ciudad capital, a los ojos del numeroso público que día a día va y viene por las calles y los edificios del Centro Histórico, un trozo de historia plasmado en el sustrato. Las ventanas arqueológicas miran al pasado. Las culturas que no tienen nada que mostrar al mundo sobre su pasado, lo mantiene oculto agradeciendo que ahí permanezca. Otras, por el contrario, se lo inventan. En México, afortunadamente, no hay necesidad de lo uno o lo otro. Así pues, celebramos gustosos que, paulatinamente, van apareciendo más de estas ventanas a la historia, para sensibilizarnos más sobre ese pasado que pareciera lucha desesperadamente por no mantenerse oculto.


 

1 El Universal. Ciudad de México. Miércoles 24 de enero de 2007.
2 Técnicamente, a estas aberturas de prospección ejecutadas sobre los componentes arquitectónicos de un inmueble, reciben el nombre de calas; y las que se practican en los pavimentos hacia el interior del subsuelo se conocen como calas arqueológicas, y deben ser ejecutadas por personal especializado y bajo permiso del INAH.
3 Los vestigios son los restos físicos de los hechos del pasado histórico.
4 Cabe advertir que toda excavación realizada en el Centro Histórico, debe ser ejecutada bajo supervisión del área de Salvamento Arqueológico del INAH. Igualmente, los trabajos de restauración y consolidación arqueológica. Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, artículos 30 al 32.

 

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